¿Cuáles son las consecuencias emocionales de la dislexia?

Tengo claro que las personas con dislexia pueden llegar a ser muy y talentosas (por mucho que, a veces, se diga lo contrario). Existen muchos falsos mitos sobre la dislexia, por ello, es muy importante que leamos sobre dislexia de la mano de especialistas. En este sentido, recomiendo encarecidamente el libro Dislexia. Ni despiste, ni pereza de Fernando Cuetos Vega, Manuel Soriano-Ferrer y Luz Rello. Siempre que tengo la ocasión, trato de erradicar esos falsos mitos, como por ejemplo, la falsa idea de que los niños con dislexia no son inteligentes. Este mito hace mucho daño a los niños que padecen esta dificultad.

Consecuencias emocionales de la dislexia

Algunos niños con dislexia nunca desarrollan consecuencias emocionales a causa de la dislexia. Esto puede ocurrir debido a diversos factores: la detección e intervención temprana, apoyo y adaptación curricular en el colegio, explicaciones adecuadas al niño de qué es la dislexia… Por desgracia, otro grupo de niños con dislexia pueden experimentar algunas consecuencias emocionales de la dislexia. Me parece importante señalar que todos los niños en algún momento pueden mostrar estas consecuencias y no es algo alarmante, pero puede ser un indicador de que ese niño necesita recibir apoyo tanto para la dislexia, como para estas consecuencias emocionales.

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  • Pérdida de confianza: Los niños desarrollan su autoconcepto durante los primeros años de vida. Si estos años están llenos de frustraciones y dificultades en el colegio, conducirán, muy posiblemente, a sentimientos de inferioridad. Si no recibe ayuda rápidamente, esto puede llegar a cronificarse y a generar sentimientos de poca valía en el niño.
  • Depresión: esta misma serie de frustraciones puede llevar a ciertos niños a sentimientos depresivos. Es importante que sepas que los signos de depresión en los niños suelen ser diferentes a los de los adultos. Los signos de depresión en niños más notorios en niños son:
    • El niño tiene pensamientos negativos sobre sí mismo.
    • El niño tiende a ver el mundo negativamente.
    • El niño carece de esperanza o la capacidad de imaginar cosas positivas en el futuro.
    • El niño puede tener conductas violentas (la tristeza se manifiesta a través del enfado).
  • Problemas familiares: Los problemas familiares pueden ocurrir de diferentes maneras. Por ejemplo, en aquellas familias en las que hay hermanos, puede suceder que el niño que no tiene dislexia sienta celos de toda la atención, tiempo y dinero que se gasta en el niño disléxico. Este tipo de atención (negativa, por supuesto), no es deseada por el niño con dislexia y puede causar más estrés. Puede ocurrir también que los progenitores o familia extensa del niño malinterpreten la dislexia e insisten en que el niño tiene que esforzarse más. Esto, por supuesto, no funciona. Por otro lado, puede ocurrir que uno de los progenitores sea disléxico, y ver a su hijo pasar por las mismas dificultades que le causaron tanto dolor, puede despertar emociones que al padre o madre le resulta difícil manejar. Estas son solo algunas de las maneras en las que la dislexia puede generar dificultades añadidas en la familia, pero desde luego hay muchas más.
  • Pérdida de interés por aprender: Si un niño está teniendo un rendimiento por debajo de lo esperado (independientemente de todo el esfuerzo que haga), muy posiblemente acabara perdiendo el interés por aprender. Esto es algo muy lógico que nos ocurre a todos. Evitamos aquello que nos resulta difícil. Normalmente, cuando íbamos al colegio solíamos dejar para el final esa asignatura que se nos daba tan mal.
  • Baja tolerancia a la dificultad: Puesto que los niños con dislexia no suelen tener éxito académico, acaban desarrollando una baja tolerancia a la dificultad. Esto hace que se rindan rápidamente cuando perciben una tarea como demasiado difícil.
  • Ansiedad: La ansiedad aumenta cuando estamos en situaciones sobre las que sentimos que tenemos poco o ningún control (como, un coche que sale de la carretera, tropezar en las escaleras, un jefe que grita mucho…). Todas las personas, pueden experimentar un estrés y ansiedad, pero los niños con dislexia son particularmente vulnerables. Esto se debe a que sienten que no tienen control sobre la dificultad que tienen. Además, a esto se le añade que no saben en qué momentos van a tener que leer en clase, en una reunión familiar, delante de su cuadrilla de amigos…
consecuencias emocionales de la dislexia

Las consecuencias en el ámbito social

Todos sabemos que para el adecuado desarrollo de los niños es imprescindible la presencia e interacción con otros niños.

Un niño para desarrollarse de manera saludable necesita a otros niños.

Los niños con dislexia pueden aprender que estar en compañía de otros niños les pone en riesgo de cometer errores en público. Dichos errores, a veces, pueden llevar a burlas por parte de otros niños. Teniendo esto en cuenta, tiene sentido que algunos niños con dislexia se hayan aislado, hayan buscado la compañía de niños más pequeños o tengan un círculo de amigos muy limitado.

La dislexia es una afección de por vida, pero con una intervención adecuada, un niño puede aprender a leer y escribir bien. Y, desde luego, esos niños pueden llegar a convertirse en adultos con habilidades de lectura y escritura adecuadas. Llegando a desempeñar puestos de trabajo que requieren de esas habilidades.

Cuando a un niño se le diagnostica dislexia, es muy importante averiguar cuál es exactamente el problema (es decir, en qué procesos en concreto el niño muestra dificultades), qué método de enseñanza es el mejor para ese niño en concreto y por qué se sugiere ese método.

Si este post te ha parecido útil, quiero recomendarte otros dos artículos: Niños con altas capacidades: Los desafíos y las alegrías y 3 ejercicios para mejorar la relación con tus hijos.

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Iratxe López

Soy Iratxe López, Doctora cum laude en Psicología por la Universidad de Deusto y Psicóloga Clínica. Además, cuento con la Habilitación Sanitaria, lo que me permite ejercer como Psicóloga Clínica. Por último, me gustaría destacar que tengo la gran suerte de ser la directora del Centro Iratxe López Psicología.

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