La psicología explica los propósitos de Año Nuevo: Éxitos y fracasos

La psicología explica los propósitos de Año Nuevo: Éxitos y fracasos

Proponernos objetivos de Año Nuevo es una práctica casi universal, y lo cierto es que esta actividad de proponernos nuevos propósitos al inicio del año, es igual de popular que el echo de no cumplir esos mismos objetivos. 

Ante esta realidad, se me ocurrió la siguiente pregunta: ¿Puede la psicología explicar por qué no cumplimos la mayoría de los propósitos de Año Nuevo y qué puede ayudarnos a cumplirlos?

Lo cierto es que las investigaciones explican por qué la mayoría de las personas tenemos dificultades en cumplir nuestros objetivos. 

La psicología explica los propósitos de Año Nuevo: Éxitos y fracasos

1. Propósitos más habituales

Dos investigadoras, Kaitlin Woolley de la Universidad de Cornell y Ayelet Fishbach de la Universidad de Chicago, publicaron una investigación sobre los propósitos de año nuevo y encontraron que el 55.2% de las metas estaban relacionadas con la salud (como por ejemplo, hacer más ejercicio, comer sano y tener hábitos más saludables, entre otros), el 34.4% de los propósitos estaban relacionados con el trabajo (ahorrar, aprender algo, organizarse mejor) y únicamente, el 5.2% guardaban relación con metas sociales (pasar tiempo con la familia, disfrutar de la vida, etc.).

2. Disfrutar llevando a cabo el propósito vs. la importancia del propósito

En otro estudio publicado en Personality and Social Psychology Bulletin, se descubrió que los participantes creían que para el cumplimiento de los objetivos era importante tanto el echo de disfrutar, como la importancia del objetivo en cuestión. Sin embargo, contrariamente a lo que los participantes creían, la investigación demostró que únicamente el disfrute predecía la persistencia en el objetivo a largo plazo. Esto quiere decir que cometemos un error al asumir que nos mantendremos firmes al plan para alcanzar nuestra meta solo porque es importante. En cambio, lo que realmente importa a la hora de cumplir con nuestros propósitos de Año Nuevo es cuánto podemos disfrutar de nuestros esfuerzos iniciales para alcanzar esa meta.

3. Evitar pensar demasiado

Por otro lado, el profesor Seppo Iso-Ahola destaca que un aspecto importante tiene que ver con comprender qué sucede cuando empezamos a tener que pensar en la decisión de hacer ejercicio, comer más sano, aprender un nuevo idioma o cualquiera que sea nuestro objetivo. Si puedes evitar pensar demasiado en lo horrible que sería comer una ensalada para la cena o salir a correr después del trabajo, es posible que tengas más posibilidades de seguir adelante.

Es decir, estamos hablando de la lucha interna que solemos tener entre lo que creemos que debemos hacer y lo que realmente queremos hacer. Una vez que nos ponemos en marcha y establecemos un conjunto de rutinas que son saludables, éstas comienzan a funcionar de manera automática, de tal forma que ya no tenemos que pensar demasiado en ellas. ¡Esa lucha interna deja de existir! Entonces, los beneficios que hemos obtenido con nuestros nuevos hábitos saludables (bajar de peso, aumentar nuestro vocabulario en determinado idioma, subir la cuesta de al lado de casa sin esfuerzo…) nos retroalimentan de manera positiva y nos hacen sentir mejor con nosotros mismos, trayendo muchos beneficios para nuestra salud, y por supuesto, actuando como una palanca impulsora para continuar con nuestros hábitos saludables. 

4. Las recompensas

Otra de las claves para que puedas cumplir tus propósitos de Año Nuevo son las recompensas que obtengas. Las recompensas inmediatas (como por ejemplo, estar disfrutando de la actividad) predicen que cumplamos nuestros objetivos, mientras que las recompensas retrasadas no. Entonces, si tienes que elegir entre dos actividades para mantenerte en forma, como el tenis o la natación. No elijas la que creas que es mejor a largo plazo, sino la que te de más recompensas a corto plazo. Esas recompensas pueden ser el disfrute que te genera la propia actividad, lo que te motiva el profesor o cualquier otro aspecto.

5. Los debería

Finalmente, usar la palabra «debería» (como por ejemplo, debería comer más sano) es una mala idea, porque a menudo se asocia con culpa, vergüenza y una «ausencia de decisión». Yo no decido comer más sano, es algo que debería hacer, pero que no elijo yo.

Además, la palabra debería también implica que lo que estás planeando es una posibilidad, no una realidad. En otras palabras, te estás dando una excusa simplemente diciendo que «debes» hacer algo, en lugar de hacerlo directamente.

Entonces, ¿por qué todos estos beneficios no se traducen en una elección más racional de lo que es mejor para nosotros? ¿Por qué no elegimos la opción saludable?

La respuesta a esta compleja pregunta se reduce a algo muy simple: la libertad para hacer lo que queremos en nuestro tiempo libre. La mayoría de las personas, realizan ejercicio o aprenden un nuevo idioma después de la jornada laboral. Por lo tanto, se crea una competición con otras actividades de ocio, lo que lleva a una lucha interna a la hora de elegir lo que queremos hacer con nuestro tiempo libre. Puesto que el sentido de libertad es lo que caracteriza al tiempo de ocio, cualquier cosa que amenace ese sentido de libertad conduce a una fuerte resistencia psicológica.

Cuando la mayoría de personas llegan a casa del trabajo, es la primera vez durante el día que sienten que es su momento de hacer lo que quieran y, por lo tanto, no quieren que se les diga qué es lo que tienen que hacer. Como por ejemplo, tienes que ir a correr. En ese preciso instante elegir la opción de salir a correr es mentalmente agotador y socava el sentido de libertad del que hablábamos antes. Otras actividades recreativas como por ejemplo, ver la tele, navegar en Internet o bajar al bar, no nos agotan y no socavan nuestro sentido de libertad. Entonces, solemos seguir la ley del mínimo esfuerzo, decidiendo no ir a correr.

De nuevo, el profesor Seppo Iso-Ahola apoya la idea de que los comportamientos que promueven la salud, como practicar ejercicio, no pueden ser percibidos y presentados como opciones para ser seleccionados de una serie de actividades recreativas; más bien, tienen que ser vistos como actividades que deben llevarse a cabo independientemente de las condiciones.

El truco psicológico aquí es que el ejercicio se convierta en una “elección forzada”.

Esto puede implicar, por ejemplo, alterar nuestro entorno para que nos anime a hacer ejercicio. Por ejemplo, podemos colocar nuestra ropa del gimnasio en el sofá para que sea un desagradable recordatorio de lo que se supone que debemos estar haciendo en lugar de ver la televisión. También podemos elegir una hora del día donde haya menos competencia con otras actividades de ocio que preferimos hacer. Podríamos hacer deporte o aprender esa nueva habilidad por la mañana temprano antes de empezar a trabajar o al mediodía.

Una vez superados estos obstáculos iniciales, con un número suficiente de repeticiones, veremos como será más fácil realizar una elección permanente de hacer ejercicio independientemente de las condiciones. Una vez que hayamos logrado establecer un hábito, será difícil deshacerse del mismo.

Esta es una buena noticia para las personas que practican deporte regularmente o van a una academia de idiomas varias veces a la semana. Ya han establecido el hábito, y les resultará fácil mantenerlo. Sin embargo, es una mala noticia para aquellas personas que eligen otro tipo de actividades de ocio. Si este último grupo quiere practicar más deporte, debe ser más consciente de lo que decide hacer en su tiempo libre y comenzar a crear un nuevo hábito haciendo que su entorno les obligue a adoptar el nuevo hábito. Y una vez que se haya establecido el nuevo hábito, será más fácil seguir la nueva rutina porque este nuevo comportamiento de ir a correr puede convertirse en una elección tan inconsciente como lo fue ver la televisión una vez. Es decir, que cuando el hábito se haya formado no elegirás ir a correr, simplemente lo harás. Igual que cada noche no eliges lavarte los dientes, simplemente de manera automática te diriges al baño y te los lavas.

Para tener éxito a la hora de cumplir los propósitos de Año Nuevo tenemos que volvernos más conscientes de nuestros hábitos y elecciones cuando son malos, usar esta conciencia para hacer cambios que son inicialmente difíciles, crear un entorno que nos facilite llevar a cabo las actividades que queremos, pero que nos cuestan, y si persistimos en el tiempo, estas decisiones conscientes se convertirán en hábitos saludables inconscientes.

También es importante que reflexionemos e intentemos comprender por qué no nos cuidamos a nosotros mismos a diario, es decir, ¿por qué es necesario que llegue Año Nuevo para plantearnos esas metas? ¿No es bueno cualquier día del año para cuidarnos? Si te interesa el auto-cuidado, puedes leer este post titulado «Se amable contigo misma: La importancia de practicar el auto-cuidado«.

Espero que este post en el que hemos visto cómo la psicología explica los propósitos de Año Nuevo te haya ayudado de alguna manera a tener más claro que pasos puedes dar para tener más éxito a la hora de cumplir tus objetivos. 

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