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¿Cómo saber si tengo un niño interior? (+ libros recomendados)

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El niño interior, esa parte esencial de nuestro ser que alberga las emociones y experiencias de nuestra infancia, desempeña un papel crucial en nuestra vida adulta. Más que un mero recuerdo, es una influencia viva que afecta nuestras reacciones, relaciones y bienestar emocional. Al reconocer y cuidar de nuestro niño interior, no solo sanamos heridas pasadas, sino que también abrimos un camino hacia una vida adulta más plena y auténtica. Este artículo se adentra en la comprensión de esta faceta vital de nuestra existencia, explorando cómo saber si tienes un niño interior, por qué emerge y cómo su cuidado puede enriquecer nuestras vidas. Además, terminaré compartiendo contigo una selección de los libros que más me gustan que traten el tema del niño interior.

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1. ¿Cómo saber si tengo un niño interior?

La pregunta no es si tenemos un niño interior, sino cómo se manifiesta en cada uno de nosotros. Todos, sin excepción, llevamos dentro las huellas de nuestras primeras experiencias de vida.

La diferencia radica en la conciencia y la conexión que tenemos cada uno de nosotros con nuestro niño interior, ya que, esto es algo que varía mucho de una persona a otra. Algunas personas reconocen e integran a su niño interior en su ser, mientras que otros, a menudo inconscientemente, lo niegan o ignoran, creando una desconexión que puede afectar a su bienestar emocional.

Una de las señales más claras del niño interior es la forma en que nuestras emociones resurgen en situaciones que, en la superficie, parecen desproporcionadas. Por ejemplo, una crítica leve en el trabajo puede desencadenar una reacción emocional intensa, no porque la crítica sea severa, sino porque toca una herida antigua de sentirse inadecuado o rechazado. De manera similar, la alegría desbordante ante pequeñas cosas, como un helado favorito o un día soleado, puede ser un reflejo de la alegría pura e inocente de nuestra infancia.

Otra pista es nuestra forma de relacionarnos con los demás. ¿Tendemos a buscar aprobación constantemente, como un niño buscando el visto bueno de su padre y madre? ¿O quizás evitamos el conflicto a toda costa, recordando inconscientemente las tensiones familiares de la niñez? Estos patrones pueden ser indicativos de un niño interior que todavía busca resolver dinámicas pasadas.

La desconexión con el niño interior a menudo se manifiesta en la rigidez emocional y la falta de creatividad y espontaneidad en la vida adulta. Aquellos que han perdido el contacto con su niño interior pueden sentirse atrapados en la rutina, incapaces de encontrar alegría en las pequeñas cosas o de abrazar la espontaneidad. Por cierto, hace un tiempo escribí un post sobre el niño interior en el que te hablo más de la parte de cómo sanar al niño interior. Te dejo el enlace por si quieres echarle un ojo.

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2. ¿Cuándo sale tu niño interior?

El niño interior de cada persona no siempre oculto. Hay momentos y circunstancias específicas que lo hacen emerger, a veces de formas inesperadas y explosivas.

Comprender cuándo y por qué aparece nuestro niño interior es fundamental para gestionar nuestras reacciones y emociones de manera saludable.

Una de las situaciones más comunes donde el niño interior se hace presente es durante el estrés o el conflicto. En momentos de alta tensión, nuestras respuestas emocionales pueden ser más primitivas, reflejando las defensas y miedos de nuestra infancia. Por ejemplo, ante un conflicto laboral, alguien podría reaccionar con una especie de berrinche (no como lo haría un niño, pero, un berrinche, al fin y al cabo), similar a la frustración que sentía de niño cuando las cosas no salían como él quería. Este tipo de reacción indica que el niño interior está tomando el control, actuando desde un lugar de vulnerabilidad y no desde la madurez adulta.

Las relaciones íntimas también son otro de los escenarios en los que nuestro niño interior suele aflorar con frecuencia. En la intimidad, donde nos mostramos vulnerables, los miedos y deseos de la infancia a menudo resurgen. Una persona con un niño interior no integrado puede mostrarse excesivamente dependiente o extremadamente temerosa del abandono, replicando patrones emocionales formados en los primeros años de vida.

Otro ejemplo es la manera en que reaccionamos al fracaso o la crítica. Un niño interior no sanado puede llevar a una persona a desmoronarse ante la crítica, mostrando una falta de resiliencia que es más característica de un niño que no ha aprendido a manejar la decepción, que de un adulto.

La clave para un equilibrio saludable es tener al niño interior bien integrado. Cuando no está sanado o reconocido, puede tomar las riendas en situaciones donde se necesita la fortaleza y sabiduría del adulto. En cambio, un niño interior que ha sido atendido y comprendido puede coexistir armónicamente con nuestro yo adulto, permitiéndonos reaccionar a las situaciones de la vida con una mezcla saludable de madurez y la vitalidad emocional de la infancia.

Llegados a este punto, quizás te interese leer sobre las 7 heridas del niño interior. En este post hago un repaso a estas heridas.

¿Por qué me siento vacío? ¿Por qué soy tan dependiente emocionalmente? ¿Por qué no consigo disfrutar de la vida? ¿Por qué no consigo ser feliz?

Las mismas preguntas llevan a las mismas respuestas. Si siempre te planteas las mismas preguntas, obtendrás las mismas respuestas. Compra mi libro “100 preguntas para tirar del hilo”. Te ayudará a acercarte a tu tu niño interior y volver a conectar con él. Hagamos juntos un viaje en el que nos plantearemos nuevas preguntas que nos llevarán a nuevos lugares.

3. ¿Qué pasa si no cuidas de tu niño interior?

Cada persona es única y, por lo tanto, la forma en que el descuido de nuestro niño interior se manifiesta varía de una persona a otra. No todos experimentarán las mismas consecuencias, pero, existen ciertos patrones comunes que podemos observar frecuentemente. En este apartado, exploraremos algunas de las consecuencias más habituales de no atender adecuadamente a nuestro niño interior. Para cada consecuencia, proporcionaré una breve explicación seguida de un ejemplo práctico, ilustrando cómo estos aspectos pueden influir en nuestra vida adulta.

3.1. Baja autoestima

La autoestima se construye desde nuestros primeros años de vida. Si nuestro niño interior no fue mirado con cariño y amor por nuestra madre y padre (o cuidadores principales), es muy probable que nosotros ahora como adultos tengamos dificultades para mirarnos de ese modo. Esto suele provocar problemas de autoestima.

Por ejemplo, un niño que creció sin recibir elogios suficientes y bajo la crítica y juicio constante, puede sentirse crónicamente insuficiente en la adultez, incluso frente a logros importantes. Esto puede estar muy relacionado con la herida de rechazo. Te dejo por aquí el enlace por si quieres aprender más sobre esta herida.

3.2. Patrones destructivos en relaciones

La forma en que interactuamos en relaciones íntimas a menudo refleja las dinámicas aprendidas en la infancia.

Vamos a verlo con un ejemplo para entenderlo mejor. Un niño que solo recibía atención y elogios de sus progenitores cuando sacaba muy buenas notas, puede relacionarse desde la perfección. Es decir, puede tener la sensación de que solo será amado cuando obtiene muy buenos resultados. Esto le lleva a vivir en la edad adulta desde esa perfección y autoexigencia.

3.3. Evitación de la intimidad

La evitación de la intimidad puede ser un mecanismo de defensa contra el miedo a ser herido, originado en experiencias infantiles. De esta manera, la persona vive con la idea de que abrirse a los demás, le causará un profundo daño.

Por ejemplo, una persona que asoció vulnerabilidad con peligro en su infancia puede tener dificultades para formar conexiones profundas en su vida adulta. Imagina a un niño pequeño que cada vez que se mostraba vulnerable era criticado por ser muy blando. Es lógico que este niño en la edad adulta sea reacio a abrirse en las relaciones íntimas.

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3.4. Represión emocional

La represión de emociones como el enojo puede ser una respuesta aprendida para evitar conflictos, y como ya te imaginaras tiene graves repercusiones en la adultez.

Vamos con el ejemplo. Piensa en un niño que cada vez que se enfadaba su madre y padre, castigaban y le decían que nadie le iba a querer por enfadarse tanto. Es lógico que este niño cuando crezca reprima su enfado. Quien fue desalentado de expresar enojo en su hogar, puede tener problemas para gestionar esta emoción adecuadamente como adulto.

3.5. Ansiedad y depresión

La ansiedad y depresión pueden surgir como consecuencia de no prestar la atención que nuestro niño interior merece.

Pondré un ejemplo para la ansiedad en primer lugar. Imagínate un niño al que se le exigía mucho, como aprender todo a la primera o tener un comportamiento impecable. Esto es difícil de conseguir para un niño. Los niños están aprendiendo constantemente y cometen errores. Este niño aprende que solo es válido si cumple con eso y, muy probablemente, llevará esa idea a su edad adulta. Como imaginas, hacerlo todo bien a la primera y comportarnos adecuadamente en todo momento, nos genera mucha ansiedad como adultos también.

Vamos a usar el ejemplo anterior para la depresión también. Si la persona como adulto no consigue esos objetivos, puede acabar deprimiéndose.

3.6. Dificultades en el manejo de conflictos

La incapacidad para manejar conflictos de manera saludable puede ser el resultado de experiencias conflictivas no resueltas en la niñez.

Por ejemplo, una persona que creció en un ambiente con conflictos mal gestionados puede evitar el conflicto en su vida adulta. Es muy probable que esta persona no quiera saber nada de conflictos y los evite a toda costa, aunque eso suponga callarse en muchas ocasiones.

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4. Niño interior libros recomendados por una psicóloga

Explorar y sanar el niño interior es un viaje transformador, y varios autores han aportado perspectivas y herramientas valiosas a través de sus obras. Yo misma he leído muchos libros sobre el niño interior y he recomendado muchos de ellos a mis pacientes. A continuación, presento una lista de cinco libros recomendados que más me gustan y más me han ayudado: ha comprender y trabajar con el niño interior.

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4.1. «Volver a casa» por John Bradshaw

Diría que este es mi preferido de todos. Es uno de esos libros que he recomendado mucho a los pacientes y que releído en multitud de ocasiones. En esta obra esencial, Bradshaw explora la idea del niño interior herido y ofrece un camino claro hacia la sanación y recuperación. El libro es una guía práctica y emotiva que ayuda a los lectores a reconectar con sus partes olvidadas y a sanar las heridas de la infancia. Ideal para quienes buscan una comprensión profunda y estrategias para el autodescubrimiento.

4.2. «Abraza a tu niño interior: Nunca es tarde para sanar tu infancia» por Victoria Cadarso

En este libro, Cadarso profundiza en la importancia de reconocer y sanar las heridas del niño interior para lograr una vida adulta plena y equilibrada. A través de ejemplos y técnicas terapéuticas, guía a los lectores en un viaje de autoconocimiento y reconciliación con su pasado. Es una lectura esencial para aquellos que buscan entender cómo las experiencias tempranas de la vida siguen influyendo en el presente y cómo sanarlas.

4.3. «El arte de cuidar a tu niño interior: Reencontrarse con uno mismo» por Thich Nhat Hanh

Este es un libro muy especial, ya que, aborda el tema del niño interior desde una perspectiva muy diferente. Este libro del reconocido maestro zen Thich Nhat Hanh ofrece una perspectiva espiritual y meditativa sobre la sanación del niño interior. A través de enseñanzas budistas y ejercicios de mindfulness, el autor ayuda a los lectores a abrazar y sanar sus heridas de la infancia de una manera pacífica y consciente.

4.4. «Aprende a cuidar de tu niño interior: Cómo cicatrizar las heridas de la infancia para alcanzar una vida adulta plena» por Jordi Gil Martín

Gil Martín ofrece estrategias concretas y accesibles para cuidar y sanar el niño interior. Este libro se centra en cómo las heridas de la infancia pueden afectar la vida adulta y proporciona herramientas prácticas para trabajar en la cicatrización de estas heridas, promoviendo un desarrollo personal integral y saludable.

4.5. «Recuperar el niño interior» por Jeremiah Abrams

Este libro es una compilación de ensayos y artículos de varios autores y terapeutas que abordan distintos aspectos del niño interior. Ofrece una variedad de perspectivas y técnicas, lo que lo convierte en una excelente elección para aquellos que desean explorar diferentes enfoques.

Hay muchos más libros que hablan sobre el niño interior, pero, no me parece útil darte una lista interminable de libros. Por ello, he escogido solo cinco libros. Cada uno de estos libros proporciona una visión única y enriquecedora sobre cómo interactuar y sanar el niño interior. Desde enfoques prácticos hasta perspectivas espirituales, estos títulos son herramientas valiosas para cualquiera que busque entender mejor y cuidar de su niño interior.

Para terminar, me gustaría hacerte una pregunta: ¿Qué mensaje tiene tu niño interior para ti hoy, y cómo puedes honrarlo? Si te animas, puedes dejar tu respuesta en los comentarios (al final del todo).

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Iratxe López Fuentes

Iratxe López Fuentes

Soy Iratxe López, Doctora cum laude en Psicología por la Universidad de Deusto y Psicóloga Clínica. Además, cuento con la Habilitación Sanitaria, lo que me permite ejercer como Psicóloga Clínica y ver pacientes. He atendido pacientes con diferentes dificultades psicológicas y emocionales, como, problemas de autoestima, ansiedad, depresión, duelos, problemas de conducta, dificultades en las relaciones sociales... Por último, me gustaría destacar que tengo la gran suerte de ser la directora del Centro Iratxe López Psicología.

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