Mi hijo está fuera de control: Cómo enseñar a tu hijo a manejar las emociones

Mi hijo está fuera de control: Cómo enseñar a tu hijo a manejar las emociones

A la mayoría de los padres y madres les encantaría ver a sus hijos manejar las emociones intensas adecuadamente. Por eso, en este post hablo sobre cómo enseñar a tu hijo a manejar las emociones.

Se que es difícil ver a tu hijo reaccionar a sus sentimientos de malestar lanzando objetos, insultando a las personas de alrededor, guardando rencor, quejándose, etc. Es natural que como madre o padre, a veces simplemente no sepas qué hacer.

Admitámoslo, para todos nosotros puede ser difícil manejar nuestras emociones de manera adecuada. Todos perdemos el control de vez en cuando. Y pocos niños saben manejar perfectamente sus emociones más intensas, emociones como por ejemplo, la decepción, el miedo, el enfado, el dolor o la frustración. La diferencia entre los adultos y los niños es que los adultos hemos aprendido a manejar estos sentimientos intensos de manera apropiada, y los niños aún no han tenido tiempo de llevar a cabo ese aprendizaje.

Mi hijo está fuera de control: Cómo enseñar a tu hijo a manejar las emociones

¿Por qué es tan difícil para los niños aprender a manejar sus emociones?

Tienen rabietas, lloran, se enfadan, atacan a otras personas, entran en pánico, rompen cosas, ignoran a las demás personas, se niegan a participar… Los niños no solo se portan mal, sino que también “actúan”, para hacernos saber cómo se sienten.

Lo cierto es que es más fácil para todos hacer que los demás se sientan responsables de lo que ocurre, así como de nuestras emociones. Si no tienen que lidiar con sus emociones, es mucho más fácil para ellos, sobretodo si alguien lo hace por nosotros. Y, por desgracia, a veces los niños llegan a creer que realmente no pueden manejar sus emociones por sí mismos, y que necesitan que otros los ayuden a resolverlo todo.

Es natural que las fuertes reacciones de tu hijo desencadene en ti tus propios sentimientos de miedo, enfado e incertidumbre, causando que te enfades también. Las explosiones emocionales de tu hijo pueden confundirte y hacerte sentir inseguro sobre  cómo actuar y ayudar en situaciones así.

¿Cuál es el disparador de tu hijo?

Cada uno de nosotros tiene sus propias áreas particularmente delicadas o sensibles. Para algunas personas esta área puede ser una falta de respeto, para otros puede ser algo que guarde relación con la aprobación, la injusticia, la autonomía o el orgullo. Estos puntos sensibles son a menudo nuestros “desencadenantes”, es decir, aquello que nos hace estallar o nos hace perder el control. Entonces, cuando alguien presiona uno de esos botones, aunque sea involuntariamente, generalmente nos enojamos o enfadamos con esa persona.

Puede ser por ejemplo, el caso de un niño de 10 años cuyo botón se activa cada vez que su madre/padre, maestro o amigo le dice qué hacer. Este niño tiene una sensibilidad fuerte y reactiva sobre su independencia. Esto lo convierte en uno de sus botones, y también es algo que lo hace enfadarse y pelear con los demás. Este niño no se da cuenta de que si él no tuviera ese botón, no perdería el control cada vez que le dicen qué hacer.

No darse cuenta de este desencadenante o botón le pone en una posición de vulnerabilidad y le da a los demás el poder de hacerlo sentir angustiado y enfadado. Tal y como es lógico para un niño de esta edad, culpa a los demás e intenta que no le digan qué hacer, en lugar de asumir la responsabilidad de su propio botón.

Por supuesto, no es el único al que le pasa esto. La mayoría de nosotros tenemos muchos factores desencadenantes que desconocemos. Gastamos nuestra energía enfadados con personas que intencionalmente o involuntariamente presionan nuestros botones.

Veamos algunos ejemplos más. Una niña de 13 años cuyo botón se activaba cuando sentía que sus amigas o hermanas estaban actuando como si fueran mejores que ella. Su botón estaba relacionado con el orgullo.

¿Qué hacer para enseñar a tu hijo a manejar las emociones?

Como padre o madre, puedes ayudar a tu hijo, en primer lugar ayudándole a ser más consciente de sí mismo. Podrías decirle a tu hijo: “Noto que a menudo te pones nervioso cuando piensas que algo no es justo, ¿te das cuenta de eso?” Otro ejemplo podría ser: “Veo que a menudo te enfadas cuando alguien discute contigo, como si creyeras que no te están respetando. Parece que aprietan un botón que está dentro de ti “. No tenemos que olvidar que dar retroalimentación a tu hijo puede ser uno de los factores desencadenantes si éste es particularmente sensibles acerca de cómo lo percibes.

Además, es importante que sepas que para tu hijo será muy beneficioso si tu también trabajas para obtener tu propia conciencia de tí mismo. Presta mucha atención a tus botones y trabaja para desactivarlos. Esto te ayudará a manejar tus propias emociones y te ayudará a ser menos reactivo con los desencadenantes de tu hijo.

Desactivando los botones

¿Cómo se crean esos desencadenantes? ¿De dónde vienen y cómo podemos aprender a responder mejor a ellos y ayudar a los niños a hacer lo mismo?

Los desencadenantes se desarrollan en gran medida en base a nuestras relaciones sociales, además, a menudo se programan en la primera infancia según la forma en la que se comportaron y respondieron nuestra madre, padre y familia en general. Aunque las circunstancias pueden haber cambiado y lo que nos pasó en nuestra infancia más tierna ya no esté ocurriendo, o no sea significativo en la actualidad, aún podemos seguir respondiendo como si fuera importante para nosotros ahora, por lo que las cosas aparentemente intrascendentes pueden “hacernos estallar”. Esto mismo puede aplicarse a tu hijo.

En primer lugar, es importante que te preguntes: ¿Cuáles son tus botones? ¿Y cuáles son los botones de tu hijo? ¿En qué categorías colocarías la mayoría de tus botones? ¿Y los de tu hijo?

Algunos ejemplos típicos son los siguientes:

  • Aprobación
  • Orgullo
  • Injusticia
  • Autonomía
  • El respeto
  • Envidia
  • Vergüenza

Una vez que hayas identificado los factores desencadenantes de tu hijo, hazle saber lo que ves. Luego puedes preguntarle: “¿Cómo puedes reaccionar de manera diferente la próxima vez? La próxima vez que pienses que algo no es justo, ¿cómo puedes responder adecuadamente en lugar de golpear la pared, gritar, maldecir o romper algo?” Haz que tu hijo encuentre diferentes formas de responder. Pídele que escriba una lista de cosas que puede hacer la próxima vez que su botón se active.

Por otro lado, confía en que tu hijo puede cuidar de sus emociones solo. Es importante que tengas la creencia de que tu hijo puede cuidar de sus emociones por sí mismo. Muchos padres intentan “arreglar” las cosas cuando el botón de su hijo se activa. Reconozcámoslo, ver a tu hijo enfadado puede ser muy difícil y puede hacerte sentir impotente y angustiado. Pero si intervienes y tratas de resolver los problemas de tu hijo, tienes que saber que sin querer estás manteniendo la situación. Sin darte cuenta, puedes dar demasiada importancia al problema y magnificarlo. En consecuencia, tu hijo recibe el mensaje de que es incluso peor de lo que pensaba, y que solo mamá o papá podrán arreglarlo.

En pocas palabras, piensa que tu hijo tiene una emoción incómoda que necesita superar. Puedes estar a su lado, pero no puedes quitarle esas emociones.

Por último, no minimices ni hagas sentir a tu hijo que sus emociones son “incorrectas”. Algunas madres y padres tienen dificultades para lidiar con las emociones de sus hijos. Como consecuencia, pueden intentar hacer que su hijo sienta que sus emociones están equivocadas, diciendo cosas como: “¿Por qué lloras por esto? ¡Eso es una tontería!” o “¿Estás enojado por eso?” 

Dale el respeto y el espacio para manejar las emociones por su cuenta, incluso si te parece algo absurdo o si piensas que está reaccionando de forma exagerada.

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